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Una aproximación a la obra de Pedro Calapez
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| Existe en la obra pictórica de Calapez un hondo sentido terrenal: su pintura es aplicada de modo denso, espeso, estratificado. Su referencia fundamental se dirige al paisaje y, finalmente, su obra última cobra un sentido geográfico, tanto en un significado físico, a través de una configuración que le relaciona con las placas tectónicas terrestres, como en una acepción política, mediante una apariencia que puede asemejarse a la de banderas ondeantes. Los intereses de Pedro Calapez le han movido a lo largo de las tres décadas de su actividad artística a elaborar diferentes propuestas plásticas, pictóricas y escultóricas que participan de un sentido de instalación. Su pintura, para cuya configuración técnica y formal emplea habitualmente diversos soportes distantes, paralelepípedos realizados industrialmente, fundamentalmente de aluminio (o bien cerrado o bien hueco) -aunque ha abordado su producción en otros materiales, como la madera conglomerada (MDF) que dispone de modo reticular y presentando intersticios a diferentes alturas-, se manifiesta mediante dos estrategias centrales. En primer lugar, puede señalarse en el conjunto de la obra pictórica de Calapez la presencia de series de obras que, presentadas a cierta distancia las unas de las otras, organizan composiciones de un campo de color plano sobre el que se dispone una trama de grueso contorno de un color que contrasta sensiblemente sobre el fondo. Los temas más caros a esta práctica los constituyen los paisajes y las arquitecturas, en ambos casos, desprovistos de figuras humanas y animales. Si el contraste entre fondo y línea es contundente, la lectura de los objetos no resulta, en muchas ocasiones, y como cabría esperar, nítida. La trama que podría ser denominada como dibujo se ofrece farragosa, se manifiesta en meandros, con un manifiesto horror vacui que ha conducido al autor a duplicar los contornos, como en una visión doble, o a simultanear imágenes, como si se tratara de un palimpsesto en el que se hace difícil discernir qué parte es la tachada y cuál la última en ser mostrada, cuál estaba originalmente allí y aquélla que ha querido eliminarla. En un segundo grupo de trabajos, Calapez procede a la elaboración de obras de carácter no figurativo mediante amplios campos de color que se relacionan lúbricamente. En su producción pictórica última, y que ha sido recopilada recientemente en una publicación titulada Abstract (Lisboa, MPPC, 2008), Pedro Calapez ha investigado nuevos soportes o distintas vías de disponer estos mismos módulos. A la presencia de paralelepípedos regulares compactos que le ocupara intensivamente desde finales de la década de los noventa del pasado siglo, Calapez ha incorporado diversas soluciones técnicas. Quizá la más destacada, si bien no la única, sea la aparición de planchas de aluminio que presentan tres caras visibles, una frontal (y única que recibe tratamiento pictórico) y dos laterales. En todos los casos, estas caras laterales, mediante las cuales la pintura se une a la pared, son planas. Sin embargo, la altura, el relieve de la capa pictórica respecto a la pared varía en las diferentes planchas de aluminio que Calapez emplea. Y esta solución hueca ha permitido a Calapez conseguir dos efectos inéditos en su trabajo anterior. Por su carácter más liviano, la profundidad o resalto ha adquirido un mayor protagonismo al aumentarse sensiblemente. Por otra parte, el carácter liso de las caras laterales ha permitido que éstas reflejen los módulos circundantes, por lo que la experiencia sensorial del espectador se enriquece si evoluciona éste frente o al lado de estos conjuntos, contrariamente a lo que ocurre a causa de la univocidad de la percepción pictórica tradicional. Del mismo modo, el irregular resalto de las diferentes partes que componen los polípticos pictóricos de Calapez consigue un efecto desestabilizador en el espectador. Y esto ocurre más notoriamente en aquellas obras cuya disposición sobre la pared resulta simétrica, pues el hecho de no presentar su capa frontal, y por tanto, la capa pictórica, una altura idéntica, provoca que su percepción resulte asimétrica. La naturaleza constructiva que alienta en la producción pictórica de Pedro Calapez convive con las manifestaciones ensoñadoras de una creación que se quiere fundamentalmente dirigir a los sentidos. Aspecto que emparienta la obra de Calapez con la de los creadores de la pintura all-over, con quienes ha confesado compartir la voluntad de abrigar al espectador de su pintura en un campo cromático. La obra de Calapez, siendo una pintura abstracta absolutamente física, carece del dramatismo de la gestualidad alcanzada por el Expresionismo Abstracto norteamericano o por el Informalismo europeo. Es la suya una pintura de valores atmosféricos, ausente de violencia, y cargada, no obstante, de una actitud vigorizante. Julio César Abad Vidal |
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