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Descomposición del muro, sueño del arquitecto. Acude en
su ayuda la idea olvidada, dormida en la playa caribeña, antes
que la muerte se revela. El descubrimiento es un recuerdo de quince años.
Wall of light, la luz es la respuesta. Compañeros de agua, el recto
Pier, mondrianescos pero volubles. El espíritu de Mark, rothkianas
emociones. La presencia construida nos inmoviliza en ejes de coordenadas.
El valor del gris de la perla, de la nube, del espejo, de la mente, del
anillo, del tenedor, del ojo perdido, del asfalto, del envés, de
la oficina. Dameros vanguardistas donde jugar con los maestros. Blanco
de los dientes, blanco del ojo, blanco de titanio, blanco de zinc, blanco
de humo, blanco de la nada, blanco santo, en blanco. El pulso cogido a
traición. Colores por superposición aparecen extraños,
irrepetibles, sin catálogo. Retratar el parecido. Estampados, agua
de color. Abanderados. Grafito ahogado.
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Pasteles
espejados donde contrastar el pensamiento. Negro puro, oscuro, africano,
opaco, aterciopelado, pastoso, pintado, pulido, estriado, absoluto. Lienzos
modulados, larga serie paciente de apuestas. Colección de emociones,
de paisajes descritos, impresionistas. Estratos mordientes que nos arrancan
de la indiferencia. Colores recordados uno tras otro arrastrándonos
con él a la ausencia. Lecorbusiano modulor. Trios, tierra, mar,
luz. Días y el muro de luz: perro, piedra, cielo, fuego. Liviana
luz, luz rosada. Pretextos generadores. Habitar de nuevo la casa mínima.
JOSÉ OLIVER
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