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El animal ocupa un lugar de privilegio en mi trabajo:
- como territorio (imaginario y polisémico) común
a todos los humanos.
- como apertura al otro.
-
como objeto cultural al alcance de todos.
Represento
a los animales no por ellos mismos, sino por cómo la gente los
representa en su mente, esa representación de la representación
que reenvía al que mira a sus propias representaciones de él mismo
y del otro. El animal es una figura muda de la alteridad; su representación,
su puesta en escena, cuestiona al hombre sobre su humanidad y
su relación con los demás. La mitología, los cuentos y las leyendas
están poblados de animales reales o imaginarios que son el testimonio
de una función simbólica recurrente del animal en las producciones
culturales de los humanos.
Mis
pinturas son el resultado de una búsqueda sobre la forma y el
fondo, el sujeto y su apoyo. Emergen de tejidos pre-estampados
o de materias particulares. Es una figuración lisa, pseudorealista
que se entrega como pasto porque no se trata de afirmar un estilo
pictórico, sino más bien de representar la figuración y de confrontarla
a un soporte "ready-made" (semejante a la imaginería popular de
los tejidos estampados que sirven de fondo). Trabajo por series.
La
exposición "Scènes d’a. et paysages d’o." presenta
cuadros de formato pequeño, una escultura y una instalación.
Las
pinturas son representaciones campestres revisadas y corregidas
por las imposiciones morales y estéticas de su época original,
las poses de los personajes son amaneradas, los paisajes están
incrustados de antiguas ruinas imaginarias... En mis cuadros,
esta visión idílica se ve perturbada por la presencia incongruente
de animales en plena copulación o de personajes virtuales nacidos
de juegos de ordenador.
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Las
"escenas de a." (como amor) acaban por ser escenas de "malas costumbres".
Los "paisajes de o." (como ordenador) nos sumergen en un mundo
ni más ni menos artificial que el de las ruinas antiguas (que
por convención en la época clásica se mezclaban con todo para
realizar un "bonito" cuadro).
La
escultura titulada La tapette à homo-oeconomicus (la trampa
para homo-oeconomicus) ha sido realizada basándose en una
trampa para ratones pero veinte veces más grande para adaptarse
a otro animal dañino: el homo-oeconomicus. Los fajos de
billetes actúan de cebo (en francés, el queso es también una expresión
popular para referirse al dinero). Errare homo-oeconomicus
est... Este dispositivo cuestiona nuestra relación con el
mundo y con el prójimo: la globalización, la ley del más fuerte,
el papel de exterminador que desempeña el hombre con el medio
ambiente, etc. nos incita a imaginarnos en la piel de un ratón.
Invita a los "grandes" a ponerse en lugar de los "pequeños". Esta
trampa con mecanismo de relojería devuelve al espectador a una
escena en la que él se imagina brutal y cruelmente aplastado,
es el compañero negativo de una escena de amor.
La
instalación Attention travaux está constituida por dos
señales de carretera del tipo "precaución: obras" repintadas:
el hombrecillo que cava ha dejado su sitio a un topo. Entre las
dos señales un pequeño montículo de tierra, testifica la presencia
de estos extraños mamíferos que excavan galerías y a los que el
hombre -por esta razón- considera dañinos. Esta instalación reenvía
al espectador a los paisajes artificiales: los paisajes urbanos
en perpetuo trabajo y los paisajes agrícolas en lucha permanente
contra la indómita naturaleza.
Nuestra
"naturaleza humana" parece vivir la "naturaleza a secas" a la
vez como un decorado ideológico y un campo de maniobra. Cuanto
más "terreno ganamos" más convertimos a la natutaleza en un fantasma.
Al estar sobreexplotada la naturaleza desparece en provecho de
sus representaciones.
Katerine
Louineau
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